Grité tu nombre,corrí a abrir y seguiste sin detenerte.
La aurora me dejó sus colores engarzados a la cortina...
Tampoco esta alegría,Madre pudo ser mía...
Pasaste,seguiste sin escucharme
Lloré sin poder retenerte...

Festona sus enaguas
con espumas
de nata,
que bordan
caprichosas
figuras
en el bajo ondulante
de su falda.
de blanco inmaculado
en el que prende
flores,
hojas,
y pájaros,
volviéndolo color
vibrante
y cálido.
Mia, de cara al mar,
exhalando palabras
perfumadas.
gracias,Sole
El mundo entero puede saltar en pedazos
—tal es su fragilidad—
en el próximo segundo.
Lo único que podemos hacer
es hacer
lo que tenemos que hacer.
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